Una hermosa grúa mudada de sitio

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Llevó sin escribir en el blog varios meses, sin embargo sigo dibujando y subiendo todos los dibujos a Flickr, a Facebook. Voy a ver si retomo mi presencia por aquí. Ahí va una entrada…

En los jardines próximos al edificio de la Autoridad Portuaria de Sevilla y, también, de la Comandancia de Marina del Puerto, se puede disfrutar de la presencia de una vieja y hermosa grúa, pintada de celeste y azul. Esa grúa muchos la hemos entre los puntes de Los Remedios y San Telmo.

Este elemento, de importante valor patrimonial industrial, se le conoce como la grúa Fairban y fue construida por la empresa William Fairbairn&Sons en 1875. Pueden ustedes documentarse en una breve entrada que recoge Wikipedia

Es por eso que el singular elemento urbano desde hace tiempo posee una protección patrimonial, como lo demuestra el PGOU de Sevilla de 2003, donde era recogido en el Plan de Protección del Sector 27.3 Puerto con su correspondiente Ficha de Catálogo de Elementos Urbanos. En la misma, el apartado Observaciones indicaba “Se valora como elemento perteneciente a al imagen histórica del puerto y a las características de su diseño. Se autoriza exclusivamente obras de restauración, mantenimiento y conservación. Se permite su estancia en el muelle por su valor como elemento perteneciente a la imagen histórica del puerto y las características de su diseño que supusieron una revolución en la industria de las grúas”.

Pues bien, en febrero de 2012 se aprueba el documento “Modificación del Plan Especial de Protección Sector 27.3 Puerto” y, entre otras cuestiones, se modifica la Ficha de la mencionada grúa, a la que se le introduce la siguiente indicación: “Se permite su traslado dentro del Recinto Portuario”.

Las obras de reurbanización que se llevaron a cabo en el Muelle de Nueva York han contribuido al mejoramiento del uso, disfrute y entendimiento por parte de la población de ese singular espacio urbano que fue el puerto de Sevilla, pero sin embargo, en mi opinión, se ha cometido un error. El bien patrimonial ha sido trasladado de su lugar de origen, ya no está presente en el contexto al que pertenece. A la zona que se ha respetado y conservado con los grandes adoquines de ese rico pasado portuario, sin embargo, se le ha arrancado un bello elemento industrial que sirve para entenderlo y reconocerlo mejor. La grúa está oculta, más allá, tras unos jardines. Esto en patrimonio, se le denomina descontextualizar el bien protegido.

(Nota: en el texto se introducen tres enlaces a internet sobre los documentos que se citan)

(7) ¿Un cerramiento que no encaja…?

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La plaza Ponce de León es un conglomerado de paradas de autobuses y en una esquina de la misma se entra a un aparcamiento subterráneo. Un edificio de viviendas y la sede de la empresa EMASESA se sitúa también en ese enclave. ¿Pero qué hace ahí un cerramiento de fábrica ladrillo que no encaja para nada con lo que hay detrás?. En realidad, si te documentas sobre lo que existió allí hasta 1974, lo que no encaja es esa arquitectura mamotrética y la destrucción de un edificio en el que había bellos espacios, fachadas, patios… creados por el arquitecto Juan Talavera. El querido para muchos de los que estudiamos allí: el Colegio de la Padres Escolapios (1887-1974). Hoy en día sus instalaciones están ubicadas en Montequinto.

Especulación, falta de visión de los curas, así como una ausencia total de protección por el patrimonio en aquella época, produjo la destrucción de un patrimonio no sólo material.

El doctor Ismael Yebra, en la dedicatoria de su libro “Memorias de Juan Calasancio”, lo expresa perfectamente: “A mis hijos… que no fueron niños escolapios por culpa de la especulación y la nula visión de futuro”

(6) El kilómetro cero de Sevilla

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Seguimos con eso que hemos venido a llamar detalles urbanos desapercibidos. Ahí va el número 6:

En la calle José Gestoso, esquina con la calle Misericordia, muy cerca de lo que la gente ahora llama “Las Setas”, se puede distinguir en una fachada una concha de piedra y un azulejo que indica “centro geográfico de Sevilla”. También hay una baldosa en el suelo con el conocido “no8do” en la se puede leer “antigua calle La Venera. Km 0”.

Pues bien, esta calle hasta finales del siglo XX se denominaba La Venera, debido a una concha que existía en una fachada (según parece es la que todavía existe) y a mediados del siglo XIX el Ayuntamiento tomó ese punto como el del que parte la numeración de las calles. Por consiguiente si Madrid tiene su “kilómetro cero” de las carreteras nacionales radiales, Sevilla también lo tiene… pero para sus calles.

(5) La fuente más antigua de la ciudad

 

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Aparece en el conocido plano de Olavide (1771), estando situada junto al desaparecido Convento de la Encarnación (1720). Posteriormente ocupó la zona central del Mercado de Abastos (1883) y en 1950 se trasladó casi a su situación actual, frente a la embocadura con la calle Puente y Pellón.

Pues bien, en el remate que corona la fuente se hace referencia al año de su instalación (1720) y la pavimentación de la plaza, así comoel año en que se restaura (1861).

Acerquénse, obsérvenla con detenimiento. Merece la pena. Lean las inscripciones que ofrece en sus cuatro costados. Confundida entre ese conjunto apabullante que son “La “Setas” y tras la larga temporada que ha estado sucia y abandonada, pasa desapercibido lo que representa…

(4) Un templete solitario

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Seguimos fijándonos en elementos urbanos desapercibidos, algunos casi invisibles. Si pasan por los Jardines de Cristina observarán un templete situado próximo a la Puerta de Jerez y es posible que se pregunten qué hace allí, sin función. Pues en los años 60 albergaba una especie de estación metereológica. Sus cuatro caras ofrecían instrumentos tales como termómetros, barómetros… En sus cuatros pilares se apoyaba una sencilla pero bella barandilla de cerrajería que servía de separación con el público. Loa aparatos y la barandilla desaparecieron y quedó el solitario templete como un signo de los tiempos en los que los paseantes respetaban lo público (a nadie se le ocurría vandalizar semejante instalación) y no existían esos aparatos mamotréticos que nos indican la temperatura que hoy nos vamos encontrando por la ciudad (con su correspondiente publicidad).

(3) La lápida de la antigua Puerta de Jerez

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Esta lápida estaba situada en la antigua Puerta de la ciudad que daba salida hacia Jerez y Cádiz. Fue colocada hacia 1576 y en ella se  hace referencia a Hércules, Julio César y San Fernando. Situada hacia lo que hoy es la entrada del Hotel Alfonso XIII, discurría delante de ella -encauzado por lo que después sería el foso de la Fábrica de Tabacos- el arroyo Tagarete.

El texto de la lápida comienza con este texto: “Hércules me edificó, Julio César me cercó de muros y torres altas y el rey santo me ganó con Garci Pérez de Vargas…”

Este interesante elemento patrimonial urbano se encuentra en la esquina de la calle Maese Rodrigo con Puerta Jerez a un altura de una segunda planta, por lo que pasa casi inadvertido.

(2) Una piedra que nos cuenta un triste episodio de 1857

 

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En el entorno de la Puerta Real, cuando termina la calle Alfonso XII, existe una piedra cúbica de color blanquecino, que pasa desapercibida y en la que, según la tradición, se sentó a llorar amargamente el alcalde de la época García de Vinuesa tras los fusilamientos de 82 jóvenes de la ciudad.

En 1857, reinano Isabel II, tuvo lugar una sublevación de jóvenes liberales que acabó con muertos y apresamientos. Los encarcelados estuvieron en el cercano cuartel de San Laureano y fueron ejecutados, a pesar de las súplicas del alcalde, en la Plaza de Armas. Según cuentan, allí se sentó sin dejar de lamentarse una y otra vez exclamando”¡Pobre ciudad, pobre ciudad…!

Junto a la mencionada piedra se colocó, ya muy recientemente, en 2008, una lápida en recuerdo de tan triste hecho.

Hay que hacer constar que el que pase este detalle urbano casi inadvertido no sólo es consecuencia de la naturaleza del mismo, sino que el entorno, ayuda también ello: variopintas señales de tráfico, “quitamiedos” tipo autopista, armario de instalaciones urbanas, bolardos… Se podría decir que todo lo que le rodea para nada contribuye a ennoblecer este elemento urbano que nos recuerda un hecho a recordar en la historia de la ciudad. Paseen por el lugar y llegarán a la misma conclusión.

(1) El nivel de una riada (no de vino) de 1796

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En la esquina de las calles Bailén con Alfonso XII hay un curioso detalle. Entre el conjunto variopinto de anuncios y letreros: Caliche, Vinos, Tapas, Desayunos y comidas caseras, Cruzcampo, Protos… casi desapercibido, se puede distinguir un antiguo azulejo que nos recuerda dónde alcanzó el nivel de las aguas en la riada del 28 de diciembre de 1796.

¿Es posible que ese nivel en cierto momento haya coincidido para algunos con el del líquido de Ribera del Duero que se encuentra al lado?

Detalles urbanos desapercibidos

Llevo mucho tiempo sin escribir ni subir imágenes al blog. Me propongo retomar la actividad y para ello se me ocurre comenzar abordando un tema muy concreto. Me voy a detener en esos pequeños detalles que se pueden descubrir al caminar por la ciudad de Sevilla y que pasan casi desapercibidos, a pesar de ocultar interesantes datos que le confieren un importante valor patrimonial. Pequeñas grandes huellas del pasado que contribuyen a entender mejor nuestra ciudad.

Vamos allá…